martes, 6 de octubre de 2015

De las escamas a los dientes.

Todavía recuerdo con perfección una de mis primeras clases de Zoología que recibí el año pasado. "La vida es Mcgiveriana nos decía" mientras entre risas nos mirábamos, "con lo poco que tiene, se apaña para solucionar problemas. Fijaos, como a partir de una reserva de Calcio de los primeros organismos hemos logrado dar lugar a un esqueleto perfectamente articulado". Pues esta frase me vino a la mente cuando leí uno de las originales hipótesis sobre historia natural: el esmalte que recubre los dientes tiene su origen en las escamas externas de los peces.

El esmalte dental es una capa del mineral hidroxiapatita que recubre la corona del órgano dentario, confiriéndole la dureza necesaria para machacar alimentos durante la masticación. Se trata de una capa traslucida, blanca o gris-azulada y en esta capa químicamente podemos observar un algo porcentaje de Calcio y Fosfatos, formando calcio hidratado (o hidroxiapatita).



Bien pues, una reciente investigación ha orientado la incógnita acerca del origen del esmalte de los dientes hacia una sorprendente solución; parecen estar emparentados con las escamas corporales de los peces. Esta hipótesis se basa en un la semejanza de la ganoína, una proteína presente en escamas de Celacantos y otros peces extintos está relacionada estructuralmente con el esmalte dental.



"El origen del esmalte es un buen ejemplo de cómo la evolución consigue que un elemento que tenía una función particular (en este caso, proteger contra rasguños y picaduras), adquiera un papel totalmente distinto (hacer que los dientes estén más formados y sean más duros) y se vuelva tan importante que permanece incluso cuando la función original ha desaparecido”, índica Per Erik Ahlberg, paleontólogo en la Universidad de Uppsala (Suecia) y autor del estudio.Es un bonito ejemplo de cómo la adaptación ha favorecido el uso de la ganoína para desarrollar herramientas con las que desmenuzar el alimento. El esmalte sería el vestigio de una adaptación de los peces venida a menos con el paso de los millones de años.

Lease la noticia original de SINC pinchando aquí.

viernes, 28 de agosto de 2015

Un verano para no olvidar (I)

Ahora que ya han acabado las fiestas de San Roque, he dedicado un poco de tiempo a a pensar en todo lo pasado a lo largo de los dos últimos meses. He cumplido varios de los planes que tenía pensados, y dado que el ritmo de vida que me gusta es aquel en el que no parar de hacer cosas es una fuente de felicidad, puedo concluir en que este está siendo un verano memorable.


Nada mas acabar exámenes el 6 de Julio, entre Esther, Lucía, Jorge y yo volvimos a sacar adelante una acampada al Sabinar de Olalla. Siguiendo la tradición establecida el año anterior, fuimos en coche hasta nos fue permitido por un coche poco preparado para el campo, pero valiente y curtido en batalla. Montamos la tienda de campaña en una dehesa cerca del río y pasamos la noche entre risas y visitas inesperadas de nuestros amigos los jabalíes. Al día siguiente tras una paseo matutino recogimos todo y fuimos hasta la Torre de Fonfría a comer, donde Lucía nos enseñó la geografía comarcal.






El 11 de Julio, pocos días después, pudimos acercarnos casi todos los amigos a las fiestas del Ángel en Teruel (Vaquillas para toda la gente normal). Disfrutamos de un gran día paseando por la ciudad siguiendo charangas y parando de peña en peña a escuchar un poco de música. No faltó fiesta por la noche, la cuál recibimos con los brazos abiertos, aunque acabamos destrozados de tanto andar y bailar, y acabó haciéndose un poco larga.




Pero la aventura más grande en la que me he embolicado este verano ha sido mi estancia en Iruña durante un mes. Fui para allí el 14 de Julio para ir al CIMA (Centro de Investigación Médica Aplicada), un centro de investigación de la Universidad de Navarra, donde estuve trabajando de prácticas por el investigador Rafael Aldabe Aguerri y Beatriz Carte Abad. Esta estancia me permitió afianzar los conocimientos aprendidos a lo largo de este segundo curso de Biología, así como me enseño técnicas de laboratorio las cuales en clase en vistas solo teóricamente (distintos tipos de PCRs, determinara la contaminación por micoplasma, la generación de ratones knockout y muchas otras).



Durante la primera semana me asenté en Pamplona y durante las tardes libres me dediqué a conocer la ciudad (visitar los edificios más famosos, ir al cine pasear), donde dar largos paseos por la Ciudadela de Pamplona y tumbarme en su césped a leer se convirtieron en mi mayor pasatiempo. Además de ser la primera vez en la que iba a pasar un mes solo, también fue mi primer enfrentamiento a gran escala contra uno de mis mayores enemigos, la sartén y la cazuela. Durante los primeros días te hace gracia lo de cocinarte tus comidicas, pero a la semana ya estas harto de cocinar, de fregar y de que el cuarto huela a aceite usado.



Las semanas siguientes mejoraron, debido a que un amigo de Valencia, pero que es de Pamplona me animó a quedar con sus amigos, y no pudo tener un idea mejor, gente maja agradable y que me aceptaron como uno más. No paramos durante esas semanas, visitamos Puente la Reina, Estella en su fiesta medieval (donde me encontré con el grupo aragonés Lurte), Lodosa, Sartaguda, Olaz y nos subimos uno de los picos de las Dos Hermanas. Durante las dos últimas semanas también las compartí con Jasmine, un amiga navarra que estudia Bioquímica e iba a pasar los siguientes meses del curso en el Laboratorio 4.04 con Rafael y Bea.




Esta gran experiencia acabó cuatro semanas después, e 7 de Agosto cuando dejé esta gran ciudad a la que le cogí sincero cariño para volver a Calamocha para prepararme para unas de las mejores Fiestas de San Roque que he vivido.


Lo queda por decir en esta parrafada de entrada es dar las gracias a todas las personas que me han ayudado y que han vivido este mes conmigo con esa intensidad, tanto a los que he nombrado como a los que no. Muchas gracias.


domingo, 1 de febrero de 2015

Un año sin ti

Querido yayo:

Ha pasado un año desde que te fuiste, un año lleno de silencios vacíos y nuevos para aquellos que te conocimos y que te recordamos cada vez que pasamos por la calle Castellana. La ausencia de tus consejos, tus bromas y tu cariño sigue presente en Valencia cada vez que paso cerca de tu casa. Me acuerdo de tus paseos por el barrio, del quiosco donde comprabas el periódico, de la parroquia de Lourdes.
Te extrañamos este verano en casa mucho. Se hizo muy raro no pasar el mes de agosto contigo en el jardín, leyendo tus libros de historia. En la comida del 15  de Agosto faltaba el cabeza de familia presidiendo la familia. No ha sido fácil acostumbrarse a tu ausencia.
Los libros que se quedaron en tu piso de valencia ya nunca serán subrayados, ya no serán devorados por tu anhelo de conocimiento, de trabajo y de esfuerzo. Nos has instruido junto con la yaya un estilo de vida ejemplar inculcándonos el amor por el conocimiento, por ser pequeños descubridores, por apreciar las sencillas cosas de la vida y sobre todo, trabajadores.
Tu día a día era un constante lección que nos dabas a todos. Me acuerdo de nunca dejabas de trabajar, incluso las últimas veces que fui a verte siempre estabas subrayando libros o revistas; nos demostrabas, que a pesar de estar en tus noventa y dos años había cosas que merecía la pena de saber y recordar. Unos buenos apuntes o esquemas, que tal vez ya nunca leyeses siempre amenizaban la lectura. 
Bueno yayo, me despido ya. Siempre estás en nuestro recuerdo y en nuestro corazón.

Te echamos de mucho de menos.

Tu nieto Chabi.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Excursión en las hoces del río piedra

Puede que la crónica de esta pequeña aventura llegue un poco a destiempo, pero ya se sabe...mejor tarde que nunca. Este relato comienza el 8 de Julio del verano pasado; cuando felizmente, acabe mi primer curso del grado de Biología realizando el examen de la asignatura de Física. Cansado tras la larga prueba cuatrimestral, recogí las cosas que me quedaban en mi residencia de Valencia, y volví a Calamocha para dar comienzo a mi verano. Cómo buen hijo de vecino, unos días antes de acabar exámenes había estado pensando en mi lista de cosas que hacer en  mis vacaciones y había una de ellas que resaltaba un amarillo chillón de haber sido subrayada varias veces por mis neuronas. Una Acampada.


El plan se preparó rápido, como si fuesen piezas de un puzzle que encajasen solas. Antes de acabar el día ya tenía compañeros mochileros; Jorge, Esther y Lucía. Al día siguiente a mitad de tarde llegamos a Torralba de los Frailes, y metiéndonos por un camino, nos dejaron a la entrada de las Hoces del Río Piedra. Andando y de buen ánimo, recorrimos el fondo del cañón hasta sobrepasar unos cuanto meandros. Escogimos (un poco mal por cierto, ya que estaba inclinado) el terreno sobre el que acampar, y allí montamos la tienda de campaña y dejamos las mochilas. Paseamos por los distintos barrancos del cañón y trepamos algunos peñascos, lo mejor para ir abriendo el apetito. Cuando el sol empezó a bajar, sacamos los bocadillos y nos dispusimos a preparar los sacos, ya que, a diferencia de los pueblos y las ciudades, en el monte al caer la noche la oscuridad inunda lenta y vagamente el paisaje.








La noche transcurrió con risas hasta medianoche, cuando la mayoría decidimos dormirnos,...pero ahí no acabo todo. A eso de las dos de la madrugada, me desperté aun medio dormido por un sonido, parecía que alguien estuviese gritando. Eran sonidos cortos, oscos y muy fuertes; me giré pensando que alguno de mis amigos estaría haciendo alguna broma o el tonto, pero no. El gemido resonaba en todo el cañón, y cuando ya parecía que estaba muy cerca Lucía dio unas palmadas que ahuyentaron al animal.Al día siguiente me levanté una hora antes que el resto y subí a lo alto del cañón. Cuando escuche que se levantaban bajé a desayunar y ya, cuando nos preparamos comenzamos la excursión arroyo abajo.

La mañana era inmejorable, un sol cálido mezclado con la fría agua de rocío de la hierba nos acompañaron hasta las diez de la mañana. Tuvimos la suerte de ver varios nidos de buitres leonados, algún halcón peregrino y un alimoche. La aventura acabó en torno al mediodía cuando recogimos el campamento y volvimos andando hasta el pueblo, donde nos esperaba para llevarnos de vuelta a casa. Sin duda uno de los mejores momentos del verano.








jueves, 2 de octubre de 2014

Se lo que estás pensado

¿Qué ocurriría si de repente te llega una carta, te pide que pienses en un número del 1 al 1000, y al abrirla te encuentras con el número que has pensado? Con este enigma se encuentra en retirado detective del Cuerpo de Policía de Nueva York, Dave Gurney, cuando un conocido suyo le cuenta esta estrafalaria e inquietante situación.
Este gran enigma se va aclarando a lo largo de la novela Se lo que estas pensando del autor John Verdon, conforme van apareciendo macabros cadáveres. Esta es una obra maestra (en mi opinión) de la novela negra, la primera obra de la saga del detective Gurney, con la que se puede mascar tensión que en una película de terror. Os recomiendo que cojáis con ganas esta lectura mientras yo me leo el segundo, ya os contaré como se plantea el siguiente best-seller de novela negra de esta saga.


martes, 16 de septiembre de 2014

Mi experiencia en Burnham Beeches

Durante las dos ultimas semanas de Julio, tras el final de mis exámenes, fui a participar como voluntario al inhóspito bosque de Burnham Beeches (BB), situado en el condado de Bukinghamshire, a 50 kilómetros al oeste de Londres. Allí me alojé en la casa de Helen Read, una bióloga experta en árboles antiguos, que trabajaba en este bosque en el sector de conservación forestal, juntos con otras personas. La estancia en casa de Helen fue cálida, ya que tanto ella como su marido, Mark, me atendieron plenamente y me ayudaron en todo lo que pudieron.




Burnham Beeches es un bosque propiedad de City of London Corporation, y su uso actual es el de lugar turístico, así como un lugar donde las vacas pueden pastar libremente, de hecho no era difícil encontrarse a pequeños grupos paseando por los caminos del parque, devorando la hierba fresca que crecía entre los sauces. También tenían algunos caballos salvajes a los que llamaban "ponies", pero que eran bastante más grandes y musculados que los ponys domésticos.



Mi trabajo cómo voluntario en BB fue muy variado, pues prácticamente cada día Helen me asignaba una tarea diferente. Algunos días trabajaba con ella recorriendo el bosque en busca de indicadores vegetales de la situación del ecosistema. Por ejemplo, debíamos buscar 10 manzanos con fruto, o 5 sauces jóvenes para poder analizar y considerar la situación real del bosque (así con otras 70 plantas, cuya traducción se me escapa y que pocas sabía reconocer). Otro día me puso en manos de los "ecovolunteers" y nos dedicamos a recoger muestras de invertebrados que caían en sencillas trampas que previamente habían colocado en lugares frecuentados por estos. Las trampas consistían en un vaso lleno de anticongelante enterrado a ras del suelo. Posteriormente los separábamos en el laboratorio del BB y los agrupábamos en distintos grupos.
Otro día nos dedicamos a analizar la proporción de plantas que podíamos encontrar atleatoriamente en una parcela de un tremedal usado para el pasto de los "ponies". En esta analizábamos las especies de todas las plantas que encontrábamos, el porcentaje de aparición y la altura media.


También pude trabajar con los voluntarios en tareas más manuales de jardinería y cuidado del bosque con los voluntarios de BB, dirigidos por Ed (un escocés muy amable y bromista) con los que estuve dos días. Con ellos despejamos los caminos podando las ramas que crecían demasiado, arreglábamos cursos de agua que se llenaban de hojas y piedras y comenzamos a construir una valla para colocar más animales de pasto en el parque.


También tuve la suerte de asistir al ochenta cumpleaños de Ted Green , uno de los mejores fitopatólogos de toda Gran Bretaña y un amante y experto del mundo de los árboles viejos. Acudí allí con Helen y con Mark, y Ted me cedió la oportunidad de explicarle a sus colegas el gran trabajo que está realizando mi padre sobre el Chopo Cabecero. Aunque me daba un poco de corte, me lancé al ataque con lo que pude. Allí volví a ver a Rob y a Jill Butler, expertos también de los árboles que conocía debido a su estancia en Teruel para asistir a la Fiesta del Chopo Cabecero, o como Ted McBride y Rob decían: Chopo...¡FIESTA!


Como conclusión, no puedo estar más agradecido a Helen Read y su marido por acogerme en su casa y dejarme pasar esta increíble temporada con ellos, donde he podido refrescar mi inglés y continuar con mi formación de biólogo, así como visitar el centro de Inglaterra.